Clausura



Ya lo dice Mafalda, muchas gracias a todos quienes habéis participado con vuestro relato en este jueves de hartazgo y gracias también a quienes habéis pasado por nuestros blogs a comentarnos. Gracias a Gus por darme la oportunidad de organizar un jueves. Queda clausurado el ¡Estamos hartos!

La convocatoria de la próxima semana la tenéis aquí

Jueves 23: ¡ESTAMOS HARTOS!



Doy paso a los relatos por esctricto orden de llegada. Veamos de que están hartos nuestros queridos jueveros...























 Lao



















































Hoy jueves, relato: ¡Estamos hartos!



No nos sermonee más, padre, que ya somos mayorcitos para saber lo que queremos hacer con nuestras vidas. No se meta usted en la condición sexual de cada uno ni en las preferencias sobre con quien comparte su vida cada cual; que yo y muchos como yo, no andamos metiéndonos con el celibato que, supuestamente, usted practica.



No nos sermonee más, padre, diciéndonos que no hay utilizar medios anticonceptivos, que un bebé viene al mundo porque dios (el dios de usted) quiere. ¿Le decimos yo y otros como yo, que no vaya usted al médico cuando enferma? Será voluntad de su dios que usted enferme; así que déjelo estar y no vaya corriendo a ningún hospital.



Estamos hartos (y creo que no yerro al incluir conmigo a otros) de que la institución a la que usted pertenece ande siempre entrometiéndose donde no la llaman.

Convocatoria juevera: ¡Estamos hartos!



Hola a tod@s! El próximo jueves 23 de mayo, vamos a escribir sobre lo hartos que estamos de las cosas que pasan un día si y otro tambien. Como ilustración, os pongo algunas de las cosas que me hartan, como...

que el recibo de la luz suba cada vez que se les planta y los sueldos no suban ni el IPC, de los perros de los vecinos (que no quiere decir que los vecinos sean perros) que no paren de ladrar, de los de arriba que recortan todo a los de abajo mientras que ellos no se cortan ni las uñas, de que te cobren un ojo de la cara en un restaurante justificando que el plato se ha elaborado con aceite de oliva cuando todos sabemos cuanto cuesta un litro del oro líquido...
Así pues, el título de la propuesta es ESTAMOS HARTOS!

La única restricción que pongo es que no hagamos relatos de más de 100 palabras, pues como dicen algunos jueveros, cada vez somos  más y si nos extendemos mucho... Ah! y como mandan los cánones, tambien aplicaremos las ya conocidas normas de Tésalo.

Os espero, no falteis!

Hoy jueves, relato: la fiebre del oro



Cada día, antes de terminar su turno, recogía el dinero que a lo largo de la mañana se había generado en las cajas. Toñi trabajaba en un supermercardo y entre otras cosas, era la encargada de atender la línea de caja: proveía el dinero para cambio, asistía a los compañeros de caja siempre que era necesario y como ya he comentado, acometía las retiradas de dinero y las custodiaba hasta  que ella misma las depositaba en la caja fuerte.

Toñi tenía una debilidad: el oro. Cuando pasaba, camino del trabajo, por delante de la joyería, el escaparate la atrapaba. Miraba con fijación todo cuanto se exponía en él. Luego, con desgana seguía su camino negando con la cabeza. Con su sueldo no podía permitirse nada de lo que allí se exponía ni siquiera aquellos pendientes que tanto le gustaban... a no ser que... De pronto se le encendió una lucecita en su interior y con una sonrisa maliciosa  trazó un plan: sisaría cada día una pequeña cantidad, apenas nada, de los sobres de la retirada de las cajas y de los cartuchos de monedas para el cambio antes de depositarlos en la caja fuerte del supermercado.  Y así lo hizo.

Empezó con pequeñas cantidades, y expectante, aguardaba unos días con mucho nerviosismo a ver si alguien la descubría. Como no pasaba nada, se animó a subir la cuota de sus sustracciones y a llevarlas a cabo con más frecuencia y cuando se confió en que su plan era perfecto y todo estaba controlado... una compañera, la pilló in fraganti.

La fiebre por el oro, a Toñi le costó su puesto de trabajo, una denuncia por robo y perder lo que ninguna persona debe perder: la dignidad.

Más fiebre áurea en casa Juan Carlos


Hoy jueves, relato: Corazón contento



Se acercó a él. Con suavidad le fijó el cuello almidonado sobre la tirilla. Quedó perfecto sobre la camisa blanca. Después cogió los gemelos en la mano y los agitó un poco antes de ponérselos. Le gustaba oír el tintineo del noble metal del que estaban hechos. Se los puso y dió un paso atrás para observarlo desde otra perspectiva. 

"Está guapísimo", pensó para sí misma mientas sentía en el estómago el cosquilleo de miles de burbujas  y adivinaba en él una inmensa alegría. Sus ojos chispeantes lo delataban, y eso no pasa desapercibido para una madre.

-Gracias, mamá, eres la mejor, no te puedes ni imaginar lo contento que estoy - le dijo él soltándole un lábil beso en la mejilla.

- Anda, no seas zalamero y ponte la chaqueta- dijo ella dándole la espalda para que su hijo no viera el torrente de emociones que se le venían a la cara.

- ¿Zalamero con vos, madre?- preguntó soltando una carcajada- Eso nunca. Reconozco, eso sí, que he sido algo malote a ciertas edades, pero nada fuera de lo normal.

- Eso es cierto -sonrió la madre abrazando a su hijo, dejándose llevar ambos por un oleaje  de sentimientos lleno de cariño- Vamos, no debemos demorarnos más que a este paso quien va a estar esperando en el altar será tu novia... Y en otro orden de cosas, no te olvides que no puedes tomar nada que lleve ajonjolí.

Más corazones contentos en casa de San
 
Nota: las palabras en negrita son de obligada inclusión en el relato de esta semana.

Hoy jueves, relato: el dolor emocional


Sentado en la sala espera, aguardaba. Había otros compañeros que también esperaban y mientras tanto charlaban entre ellos. Uno llevaba el brazo derecho en cabestrillo, otro un collarín fijándole las cervicales, una mujer joven embarazada aquejada de una lumbalgia que a duras penas le permitía moverse... El no llevaba nada que exteriormente mostrara su dolencia, porque lo que a él le pasaba ni se curaba con analgésicos ni se corregía con aparatos.

Llegó su turno para que el inspector médico lo atendiera y ya en la consulta, después del saludo de cortesía,

- Observo que lleva usted un mes de baja por depresión, ¿que ha ocurrido? 

- Mi madre falleció hace dos meses. Después de los días de permiso por fallecimiento, me incorporé a mi trabajo. Intentaba sacarlo para adelante, pero esta tristeza y desamparo que siento en mi interior, no me deja, me desborda. No me sale la voz de dentro porque un nudo en la garganta me lo impide, y así no puedo atender mi puesto de trabajo.

- Ya. Es normal que un padre, una madre, antes o después se nos vayan. Y tenemos que estar preparados para eso. No podemos hacer de una pérdida que es ley de vida, un mundo. Debes retomar el día a día e incorporarte a tu labor - repuso el inspector. 

- ¿Cree usted que no lo intento? ¿Cree usted que porque el dolor que yo siento no se ve como se ve una pierna escayolada ya no es dolor? Ya me gustaría a mi tener una dolencia física y no roto mi interior. 


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