Hoy jueves, relato: historias en blanco y negro


Las fotos en blanco y negro me transportan al pasado. No lo puedo evitar. Hay quien mira la misma que foto que yo y le  ve otros matices, le saca mil y un detalle  a cada uno de los tonos de grises. Y sin embargo a mi esos colores me llevan a otros tiempos, me llevan al patio de la escuela donde pasaba los recreos.

Recuerdo una tapia blanca con una reja negra encima. Los niños más grandes llegaban a la altura de la reja y entre juegos, carreras y risotadas se acercaban a mirar quien pasaba por la calle. Yo,  no veía el momento en que creciera y alcanzara  la ansiada reja para mirar como los demás. Por eso cada septiembre, al volver al patio de la escuela, me acercaba y con mis manos encima de mi cabeza medía cuantos dedos faltaban para llegar: primero fueron cinco, después fueron dos,  luego uno... y cuando descubrí que poniéndome de puntillas veía un trocito de calle, una ola de regocijo estalló dentro de mí.


Más historias en blanco y negro, en Molí del Canyer

Atardecer

Atardecer desde Segura de la Sierra (Jaén). Noviembre 2018.

Olor a ciprés


Las mañanas de noviembre huelen a ciprés.

Por estas fechas, mi madre iba al cementerio a visitar las tumbas de los abuelos. A mi me gustaba acompañarla. Sobre todo si era por la mañana, cuando la humedad del amanecer dejaba sobre la tierra una fina capa de escarcha. Luego, cuando el sol calentaba y el frío se desvanecía, todo se impregnaba de un aroma a ciprés con tierra mojada.

Y a mi ese olor me encantaba; se respiraba paz. Me trasmitía tranquilidad, me invitaba a pasear entre tumbas y a perderme en mis pensamientos sobre el porqué de las cosas, sobre el sentido de nuestra vida, sobre las ausencias que dejan el alma en carne viva.