Mar
Imagen de Mónica


Asomaban algunas nubes por el horizonte que amenazaban con ir a más, como otras tantas tardes de otoño pero sin que al que final cayera una sola gota. Necesitaba salir de casa y despejar los pensamientos deprimentes y mustios que llevaban acosándome días. Con la esperanza de que la tarde se cerrara en agua, me calcé las zapatillas de deporte  y, con  auriculares y smartphone en ristre, me fuí al parque a correr. 

Me senté en uno de los  bancos que hay en torno a la fuente de la Estrella a tomar un respiro y observé que en los escalones de granito que la rodean se estampaban con fuerza las primeras  gotas de lluvia... Cerré los ojos y me dejé llevar por música que sonaba en mis auriculares.

Necesitaba una tarde de lluvia que removiera mi melancolía, necesitaba un cielo gris en sintonía con lo que sentía. Necesitaba oler a tierra húmeda que me despertara del letargo en el que estaba sumida, necesitaba que el agua de lluvia me empapara y arrastrara consigo mi  desazón y apatía.

Y, por fin, eso ocurrió. Así que, agradecida, miré al cielo y lancé un beso porque quizá (MAY), en algún lugar (SOMEWHERE) esté ella y de alguna forma (SOMEHOW) me esté enseñando a llevar mi pesar. Ella, siempre ella.

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Tema: Somewhere, over de rainbow. Louis Armstrong.

Mar
 
Imagen tomada de Internet

Sentado en la mecedora, armado de paciencia, la estaba esperando. Era bien entrada la noche cuando la aldaba de su puerta fue golpeada tres veces, rompiendo el silencio que reinaba en la casa. Muy diligente se levantó, se ajustó la pajarita y se atusó con la manos el cabello en un intento torpe de agradar a su visita. Abrió la puerta y suspiró aliviado. 

- Llevo esperándote mucho tiempo- le dijo con su mejor sonrisa.

La dama, sorprendida con semejante revelación, se retiró la capucha para dejarse ver con todo su esplendor y apoyada en el astil de su guadaña le dijo:

- Me sorprende tu bienvenida, pues nunca nadie hasta ahora me había recibido con una sonrisa. Dime, ¿no me tienes miedo?

- No – replicó él.

“No teme a la muerte...” pensó ella con extrañeza. Muerta de curiosidad (mire usted que ironía) le preguntó:

- Entonces, dime ¿a qué temes?
- Temo al sufrimiento y al dolor que padezco. Te esperaba hace tiempo porque se que serás bondadosa conmigo, que me llevarás contigo y el viaje será mi liberación. Ya nunca más estaré sometido ni al yunque del sufrimiento ni al yunque dolor.

La muerte, conmovida por aquellas palabras, lo abrazó con suavidad, lo envolvió en su negro manto y juntos partieron hacia el más allá.

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Mar



 Imagen tomada de Internet.

Se que esperas de mi que te diga una vez más "te perdono"; pero, hoy, te has equivocado. Se acabó. No te perdono porque me has lastimado. Mi corazón no merece tus desaires ni tus nulas atenciones. Has normalizado tanto lo que antes eran excepciones, que ya me da igual con quien andes o con quien pierdas la poca dignidad que te queda trasnochando por esos bares.

Son ya muchas las oportunidades que te he dado y sin embargo ninguna de ellas
has aprovechado. Así que ahora, vete, márchate de mi lado. 

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