Mar


Me gusta pasear por las calles mojadas que la lluvia deja e impregnarme del olor a tierra mojada que el viento trae bajo la luz gris que el cielo encapotado desprende.

Y así, paseando, lejos de despejarse, una nueva tormenta me sorprende. Arrecia del tal modo que no tengo más remedio que guarecerme en el primer lugar veo. Entro, y en el rincón más coqueto de la cafetería estás tú. Me sonríes y yo me acerco. Me invitas a tomar asiento y yo acepto. Elijo la butaca  que hay justo frente a ti, el mejor palco para disfrutar del verde de tus ojos y del blanco de tu sonrisa.

Me quito la gabardina que está empapada. Revuelvo mi pelo intentando sacudirme el agua que ya resbala en pequeñas gotas por mis mejillas. Y tú, siempre tan atento, me acercas un pañuelo.

-Café para dos, por favor - pides al camarero.

Mientras, yo me seco con tu pañuelo; disfrutando en secreto de esa fragancia tuya que tanto me gusta. De fondo oigo tu voz hablándome pero yo no atino a responder nada a tu conversación, absorta como estoy en mi idilio con tu pañuelo.

Pongo azúcar a mi café, mientras pienso que el terroncillo que lentamente se disuelve no es tan dulce como tus facciones. Muevo la cucharilla dentro de la taza en una trayectoria circular que repito infinitas veces para impedir que mis dedos salgan corriendo a entrelazarse con los tuyos.

Cojo la taza entre mis manos y me obligo a bajar la mirada hasta el humeante café para evitar que su brillo me delate; para evitar que mis ojos digan lo que siento, para evitar que veas que por ti me pierdo...

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Mar
 Imagen tomada de Internet

Me encuentro en la sala de reuniones trabajando con mi ordenador portátil. A los pocos minutos entran Pili y Celia tan dicharacheras como siempre.

- ¡Hola, Mar! ¿Qué tal?- dice Pili.
- ¿Qué haces? -pregunta Celia.
- ¡Hola chicas! Aquí ando, redactando un informe –respondo y sigo con mi tarea.

Pili y Celia se sientan en la misma mesa en la que estoy  y siguen con la conversación que traían.

- Celia, lo que te comentaba del sábado por la noche... -dice Pili.
- ¡Ah, eso!  El cumpleaños de Clara. Dime ¿que tal estuvo? -recordó de pronto Celia.
- Bien, lo pasamos genial. Salvo Juanmi, que se le agrió un poco la velada.
- ¿Y eso? -pregunto Celia.
- Verás: ya sabes que Clara le dijo a Juanmi que, si le apetecía,  podía ir acompañado de su amiga Anastasia al cumple.
- Sí –asitió Celia
- Así que Juanmi la invitó. Pero  Anastasia apareció con un maromo una hora  después en el bar de tapas donde Clara celebraba el cumpleaños. Nos lo presentó y enseguida se pusieron a hacer morritos -siguió Clara.
- ¿Si?  Pero... ¿ya no salen Juanmi y Anastasia?  -interrrumpió Celia.
- Tenías que ver la cara a cuadros de Juanmi, ¡jajajaja! Resulta que Anastasia no le hace ascos a ningún tío que se le ponga a tiro y el último maromo que se pasa por la piedra se lo lleva colgado del brazo para exhibirlo  como trofeo ¡jajajaja! Lo que tuvo con Juanmi fue un devaneo mientras encontraba otra cosa. Fue otro más.
- Eso le pasa a Juanmi por ir con tías así. Si a él le resultó fácil llevársela a la cama ¿por qué no iba a pasar lo mismo con otro? -observó Celia.
- Pues sí. Pero como Juanmi no se come una rosca, ahí está disponible para cuando Anastasia quiera. Es como cuando quieres ser titular de una plaza en la administración pública y te tienes que conformar con hacer sustituciones de tarde en tarde ... ¡jajajaja!
- ¡Jajajajaja! Que ocurrencias tienes, Pili.


Obviamente me he enterado de toda la conversación, sin necesidad de aguzar el oído. Pili y Celia no se han privado de charlar delante de mí porque suponen que yo  no se quien son Clara, Juanmi y Anastasia. Pero se equivocan. Si bien no conozco a Clara, si conozco a Juanmi y a Anastasia por circunstancias que no vienen ahora al caso. Bien podía ir yo ahora con el chisme a donde más pudiera fastidiar a unos y a otros y contarlo. ¿Que podría decir de cada uno? De Juanmi, que es un cornudo; de Anastasia, que es infiel a las primeras de cambio; de Pili, que es una cotilla aireando los trapos sucios de cualquiera que se le tercie. Pero como dicen por ahí “los cotilleos se terminan cuando llegan a los oídos inteligentes”.

Moraleja: nunca sabes con quien estás hablado o quien te está escuchando.


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Mar
Ilustración película "Ratatouille"

Por la cocina de la Bitácora han pasado muchas y variadas recetas estos días: desde suculentas cenas hasta postres apetitosos pasando por algunos platos muy partículares... muy de alcoba diría yo ;)  Ah! no me olvido de algún que otro desaguisado con olla quemada y humo en la cocina :) La intención es lo que cuenta.

Ya se han fregado cacerolas y cucharones, se han adecentado encimera y suelo. Solo me  queda daros las gracias a todos los que habéis participado en esta convocatoria y a los que no habéis participado pero que dedicais un ratito en pasar por mi casa a leer. Dicho esto, la cocina queda cerrada.

Le paso el testigo a Inma para la próxima convocatoria.