Hoy jueves, relato: tarde de costura

Imagen de Neogéminis

En una esquina de la plaza del pueblo, doña Constanza tenía el establecimiento que más curiosidad despertaba entre sus vecinas. Estaba dividido en dos partes. Una daba a directamente al enorme ventanal, que hacía las veces de escaparte. Allí, doña Constanza exponía muestras de artículos de mercería: puntillas, jaboncillos, botones, cintas de raso, primorosos alfileteros... y en un maniquí de madera siempre ponía uno de los últimos vestidos o trajes confeccionados para alguna de sus clientas.

Dividiendo la estancia había un enorme mostrador donde atender a las señoras, mostrarles las telas disponibles en cada temporada y enseñarles figurines para que eligieran algún modelito acorde con sus gustos. Detrás del mostrador, y separado por estanterías repletas de piezas de tela, se encontraba el taller de costura

Allí iban Cándida y sus amigas, de aprendices de modista, durante las vacaciones de la escuela en verano. Entre agujas y dedales pasaban las soporíferas tardes. Entre puntadas e hilos se contaban los rumores que salían de la verbena de los domingos. Entre tijeras y patrones, se reían del último piropo que algún atrevido muchacho les había dedicado al salir de misa... Solo paraban unos minutos a la hora de merendar, cuando doña Constanza les llevaba una jarra de limonada fresquita que bebían con avidez mientras escuchaban en la radio el programa de Elena Francis.

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Hoy jueves, relato: deseos y buenos propósitos


Viñeta de Alberto Montt


Y llegó 2019. El nuevo año recibió innumerables cartas de pequeños y mayores llenas de peticiones, propósitos, deseos y buenas intenciones; tantas, que tuvo que convocar a todos los Pajes del Tiempo para que le ayudasen a supervisarlas. 
A la reunión acudieron, como siempre que el Señor del Tiempo los citaba, Teo y Luci. Suponían que, por las fechas en las que estaban, se trataría de ver que deseos habían pedido los humanos esta vez. Así fue. Recibieron un buzón repleto de tarjetas, cartas y hasta algún legajo... (hay gente para todo) y se pusieron manos a la obra; esto es, puntuar entre cero y cien las posibilidades que tenía cada petición de terminar en éxito.

La primera carta era de Nadia Vives, una señora jubilada que después de haber dedicado toda su vida a la medicina, ahora pedía paz y tranquilidad ¿que menos que eso? Se lo merecía, desde luego que sí. Cien puntos le dieron.

Después cogieron una tarjeta muy colorida. Era de Natalia. La había dibujado ella misma el último día de colegio antes de Navidad y le pedía al año nuevo mucho tiempo para jugar con sus amiguitas y sus papás. Adjudicado: cien puntos. Los niños tiene que ser niños y crecer jugando.

La tercera carta que cayó a sus manos fue la de Roberto Mirón. ¡Vaya, no se lo podían creer! Era el tercer año consecutivo que les tocaba el señor Mirón. Eso si que era casualidad y tener suerte. Sí suerte, porque las cartas de Roberto Mirón no tenían desperdicio: sus disparatadas y extravagantes peticiones daban mucho de sí. Teo y Luci intercambiaron una traviesa mirada y divertidos se pusieron a leer. 

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Hoy jueves, relato: el futuro en números


Imagen tomada de Internet

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Bu3n0, a l0 qu3 1ba; a v3r... 51 p13n50 3n m1 p350, ¡n0, n0! ¡qu3 va! 350 35 c0nf1d3nc1al 3ntr3 m1 bá5cula y y0. 3h... 51 p13n50 3n la5 c1fra5 d3 m1 cu3nta c0rr13nt3, ¡m3 da d3pr351ón! 51 ll3garan a c3r0 m3 harían f3l1z, p3r0 m3 da qu3 p3rd13r0n 5u h3rm050 c0l0r n3gr0 d35pu35 d3 qu3 la 1nfam3 tarj3ta d3 cr3d1t0 53 pa53ara m1l v3c35 p0r l05 datáf0n05 51n c0mpa51ón alguna.

Hummm... 51 p13n50 3n m1 f3cha d3 nac1m13nt0, pu3d3 dar ju3g0 p3r0 la p3ga 35 qu3 35 1nd15cr3ta; 51 3n p13n50 m1 3dad... ¡má5 1nd15cr3ta t0davía! al m3n05 c0n la f3cha d3 nac1m13nt0 3l l3ct0r cur1050 t13n3 qu3 m0l35tar53 3n hac3r 3l cálcul0 para d3duc1r m1 3dad, y... ¡anda, 51n hab3rm3l0 pr0pu35t0 5al3 a c0lac1ón 3l t3ma d3 35t3 ju3v35: jugar c0n núm3r05! ¿53rá qu3 la5 mu5a5 n0 m3 han aband0nad0 d3l t0d0 c0n 35t3 51ngular t3ma?

Para t3rm1nar, pu35t0 qu3 53 trata d3 jugar c0n núm3r05, 53 m3 ha 0curr1d0 5u5t1tu1r alguna5 l3tra5 p0r núm3r05. A v3r c0m0 qu3da la l3ctura d3 35ta p3qu3ña ap0rtac1ón al ju3v35 d3 l05 núm3r05 :)

¡F3l1z 2019 a t0d05!

Má5 r3lat05 numér1c0s 3n  L4 P14zz4 d3ll4 Lun4

Nocturnal



Sencillamente perfecto.

Hoy jueves, relato: finales sorprendentes.


Imagen tomada de Internet
...Y no más había entrado Caperucita Roja en el bosque, siempre dentro del sendero, cuando se encontró con un lobo. 

- Buenos días, Caperucita - dijo el lobo.
- Buenos días, lobo
- ¿Adonde vas tan temprano, Caperucita?
- A buscar setas alucinógenas -respondió

El lobo se quedó algo descolocado, pero aún así siguió preguntando 
- ¿No llevas cesta? - añadió receloso.
- ¿Cesta? ¿Tengo yo pinta de llevar cesta, lobo? - rugió Caperucita plantándole cara al lobo.
- Eh... esto.. no... no.. -trastabilló el lobo muy sorprendido. Como vas a por setas pensé ¡que mejor que una cesta de mimbre para ponerlas!

El lobo rodeó a Caperucita, mirándola con cierta desconfianza, pero pensando como podía sacar provecho de la situación.
- Anda, ¡pero si llevas mochila! ¿Que hay dentro?
-¿De verdad quieres saber que hay? - respondió Caperucita echando a andar de nuevo 
-¡Claro! -la interrumpió el lobo. ¿Quizás alguna exquisita vianda para tu abuelita, niña?

Caperucita empezando a hartarse de la insolencia del lobo, abrió la mochila y empezó a sacar sus pertenencias
- Mira, lobo, llevo un mechero
- ¿Un mechero? ¿Para qué? - dijo el lobo
- Para encender fuego. Tambien llevo una pipa, una bolsa de tabaco picado, un ...
- ¿Es que ahora también fumas, Caperucita? -interrumpió ahora jocoso el lobo

Caperucita, cada vez más irritada le espetó
- Mira lobo, a ti eso no te importa; aún así de diré que la pipa y el tabaco son para el guarda del bosque. 
- Y para mí, ¿no tienes nada? ¿quizá me aguarda algún tierno bocado...? - respondió el lobo ahora más envalentonado
- Si, claro que si -dijo Caperucita, con la voz más persuasiva que fue capaz de entonar. A la vez que metía de nuevo la mano en la mochila dijo:
- Aquí lo tienes:  ¡¡jarabe de palo!!

En décimas de segundo roció al lobo con el bote de spray de pimienta en la cara y éste salió corriendo despavorido sin saber muy que había pasado, con los ojos en carne viva y el orgullo por los suelos.

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Hoy jueves, relato: Tu lado más animal.






Licántropo.

Plenilunio. Noche de luna llena. La luna me está mirando, mas yo no la quiero mirar a ella. La luna me está llamando pero yo no le quiero responder.

El viento furioso, baila con las nubes y, entre los pasos de su aleatoria danza, igual me muestra la luna, igual me la esconde otra vez. Esta alternancia me descentra, me inquieta; tanto, que tengo que dejar la pluma sobre mis apuntes sembrados con mil tachones.

Paseo de un lado a otro por mi estudio mirando al suelo, intentando pensar en otra cosa para evadirme de este momento. Intento baldío. La fuerza que la luna ejerce sobre mí no la puedo controlar. No quiero sucumbir al instinto primitivo que hay en mí y que me acosa sin cesar. Me instiga a que me someta al influjo que la luna llena tiene sobre cada licántropo. Mi lucha por escapar es inútil y soy consciente que una vez más, la metamorfosis se está consumando y, en breve, me convertiré en lo que no deseo.

...

La luna me sigue hablando y yo no la quiero escuchar. Me dice que abra la ventana y salga al tejado y, allí sentado, la pueda contemplar. Mas yo me resisto a salir porque se que si esta noche ando por los tejados, con una promiscua loba parda de linaje incierto me voy a encontrar y de un zarpazo certero acabaré con ella y se manchará con su sucia sangre mi pelaje negro.


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Hoy jueves, relato: luz, cámara, relato.

La propuesta de este jueves nos lleva a escribir sobre cine e incluir en el elenco a un actor y actriz conocidos local o internacionalmente. Yo me he decidido por el gran Paul Newman, acompañado esta vez por Katharine Ross en "Dos hombres y un destino". He relatado como podría haber sido el famoso pasaje de la bicicleta. Aquí os lo dejo.

Habían pasados años desde la última vez que estuvieron en la granja, pero no para Paul y Kathy a juzgar por la complicidad que aún existía entre ellos.

Se reunieron allí, junto con los demás familiares, para celebrar las bodas de oro de sus abuelos. En cuanto llegaron,  y como hacían desde niños, se escabulleron fuera de la casa; antaño para jugar, ahora buscando alguna intimidad que les permitiera charlar y ponerse al día de sus cosas.

Kathy descubrió que Paul seguía siendo el mismo chico díscolo y divertido de siempre; con una sonrisa radiante. Paul, que sentía debilidad por su prima favorita, quiso recordar las tardes y tardes de juegos que habían pasado juntos; así que, impulsivamente, le cogió la mano, entró en la casa y tiró de ella escaleras arriba.

Subieron al desván y buscaron entre los viejos baúles algo con que disfrazarse. Kathy encontró un sencillo vestido de lino blanco; Paul, un viejo chaleco negro, unos tirantes y un bombín de fieltro. Luego salieron al cobertizo y Paul cogió la vieja bicicleta de su abuelo...

- ¡Vamos, Kathy, sube a la bicicleta! Vamos a dar un paseo.
- ¿Estás loco? ¿Dónde? ¡No hay sitio para dos!
- En el manillar. Venga, será divertido

Kathy se echó a reir con la ocurrencia de su primo y negando con la cabeza avanzó hacia donde él estaba y subió a la bicicleta.


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