Un libro y una rosa


El 23 de abril de 1616 fallecían Cervantes, Shakespeare y el Inca Garcilaso de la Vega. También en un 23 de abril nacieron – o murieron – otros escritores eminentes como Maurice Druon, K. Laxness, Vladimir Nabokov, Josep Pla o Manuel Mejía Vallejo. Por este motivo, esta fecha tan simbólica para la literatura universal fue la escogida por la Conferencia General de la UNESCO para rendir un homenaje mundial al libro y sus autores, y alentar a todos, en particular a los más jóvenes, a descubrir el placer de la lectura y respetar la irreemplazable contribución de los creadores al progreso social y cultural.
Uno de los libros (y decidirme por uno, es tarea complicada) que me más me han gustado es Cien años de soledad del gran G. García Márquez. Lo que más me ha sorprendido ha sido el desenlace. Realmente genial.

Primavera



Aunque haya días grises y lluviosos, también ha llegado la primavera a la Bitácora.

Aurora boreal

Magnífico espectáculo de luz y color que la madre naturaleza nos regala.

Secuoyas o Mariantonias



La secuoya es un árbol de hoja perenne muy longevo (entre 2.000 y 3.000 años) y el más alto del mundo, llegando a alcanzar más de 125 m de altura y 7 m de diámetro en su base. La secuoya roja más vieja tiene alrededor de 2.200 años; muchas otras exceden los 600 años.
Su hábitat natural, que se encuentra en sistemas montañosos bastante húmedos y crecen en grupo, resguardándose de fuertes vientos y heladas, se circunscribe a una estrecha franja del oeste de Estados Unidos que abarca desde la zona meridional de Oregon hasta California central donde se la encuentra tanto en zonas llanas como en las húmedas de las colinas costera.
Fue introducida en Europa en 1843 y hoy en día es popular en parques europeos dado su alto valor ornamental.
En España podemos encontrarlas en la provincia de Granada, concretamente en el Cortijo de la Losa, ubicado en la Sierra de la Sagra a unos 23 km de Huéscar, existen dos grupos de unos ocho o nueve ejemplares cada uno y una sola, están todas valladas pero se pueden ver a escasos 30 m. Los lugareños también las llaman Mariantonias, posiblemente en alusión a su nombre científico Wellingtonia.
Es impresionante ver estos majestuosos y espectaculares árboles en un ambiente distinto al de su hábitat natural. Y la pregunta que uno se hace ante ellos es ¿cómo es posible que estén aquí?